
Todos los días del año, a eso de las nueve de la mañana, el gigante abría la puerta del cuarto y desaparecía durante un rato. Yo aprovechaba y asomaba la nariz, sin que él me viese y cuidándome de dar un paso atrás antes de que la puerta se cerrase.
En aquel cuarto había una luz cegadora que me hacía cerrar los ojos; disfrutaba olisqueando un segundo aquel aroma a madera tropical húmeda, como a fruta pocha, tan diferente al olor seco, anaranjado, del resto de la casa. Así me quedaba un rato largo, en el umbral de aquel cuarto prohibido, con los ojos cerrados y la nariz abierta, intentando retener en la memoria el golpe de aire húmedo de la puerta al cerrarse.
A las nueve y diez, cada día, el gigante salía del cuarto con un periódico y una barra de pan bajo el brazo. Cuando oía sus pasos me acercaba, intentando aprovechar el instante en que la puerta estaba abierta para asomar de nuevo la nariz.
En alguna ocasión, tímidamente, me había atrevido a traspasar aquella enorme puerta, arrastrando la panza, por si acaso. Había dado tres o cuatro pasos cuidadosos, mirando a izquierda y derecha, descubriendo nuevos matices de olor a tierra, a cerrado. Pero el gigante siempre se interponía en mi camino y me echaba de aquel cuarto, gritándome no sé qué en español.
Aquellos episodios de violencia verbal hicieron que, con el tiempo, decidiese no volver a entrar en aquella habitación tan peligrosa. Después de todo, mi mundo era enorme y estaba lleno de vida… y de olores. ¿por qué arriesgarse y provocar al gigante?. Además corría el riesgo de quedarme encerrado, sin comida. Podría pasar un día entero hasta que él volviese a entrar al cuarto a buscar el pan y el periódico. No tenía sentido obsesionarse con un cuartucho húmedo que, seguramente, no era siquiera ni la mitad de grande que el más pequeño de los cuartos en los que, caprichosamente, el gigante había dividido el mundo.
Ayer, salió como cada mañana, a las nueve. Pero pasaron las horas y no regresó.
Al lado de la comida encontré una nota, en español.
5 comentarios:
Sempre me provocou moita curiosidade "pensamento animal".
Tal vez sexa así...
Joder, qué guay. Me ha encantado.
Un abrazo.
creo que nos tamén somos animaliños, que creemos que o noso mundo non vai máis aló do que coñecemos.
pero como dí a lei da relatividade:
todo é relativo.
Profundo. Y he trabajado para diversos gatos durante veinte años.
gracias, y bienvenido pcbcarp.
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